Aprendí que blunt puede rimar con pantalón y otras cosas: Trap y Reggaetón

Esta entrada ha sido la que más ha desafiado mi imparcialidad y mi apertura de mente a la música nueva. Durante el tiempo que me dediqué a escuchar trap y reggaetón no solo aprendí de la musicalidad de cada uno estos géneros, también he comenzado a entender porque no me gustan cierto géneros y que a pesar de muchos de mis prejuicios he podido disfrutar de la música que había hecho a un lado injustamente.

Lo primero que tuve que aclarar es que a pesar de que aunque suelen asociarse culturalmente, el trap y el reggaetón son dos géneros diferente. Para hacer que una pequeña distinción inicial puedo decir que el trap tiene una estructura rítmica más lenta pero cargada de sonidos y suele haber una armonía más inestable como desafiante y dramática. El reggaetón está casi siempre apoyado sobre la figura rítmica jamaiquina que conocemos por el nombre dembow y es un poco más armónico utilizando elementos de la música caribeña y combinándolos con rap.

La voz es protagonista y nos cuenta historias. Me he dado cuenta que en ambos géneros la voz siempre suena por encima de todos los instrumentos, todo se hace un lado para dejar espacio a la melodía más pegajosa de cada canción. Ambos incorporan rap y muchas interjecciones que se acomodan muy bien en una música que ya es muy rítmica y bailable. 

En mi experiencia personal con la música en general, siempre he pensado que lo que me gusta más del verso en una canción es la abstracción para describir lo más visceral de las emociones humanas. Por esto inicialmente sentía aversión por lo crudo de los versos de la música urbana, sin embargo, debo admitir que cuando cantan sin rodeos ni ornamentos innecesariamente sofisticados te transmiten una energía que se te mete en la carne y en la mente.

Todo se trata de la energía. Cada sonido en a música aporta al ritmo y la atmósfera, no importa si estas en el bus, frente a la computadora o en el club es casi imposible no moverte mientras escuchás esta música y creo que ocurre porque el tempo y el ritmo se ajustan a la manera que todos bailamos instintivamente, no es necesario hacer una gran coreografía para bailar y sentirse bien.

Mi primer encuentro con el reggaetón fue probablemente cuando tenía 11 o 12 años de edad, estaba en el colegio y en los viajes de campo, o en las convivencias donde teníamos libertad de poner música alguno de mis compañeros o compañeros cargaba una mezcla en un cd donde tenía más de alguna canción de reggaetón. Ya han pasado casi 15 años desde entonces y es evidente que la calidad de producción musical ha mejorado increíblemente y creo que es momento de hacer un lado los prejuicios pseudointelectuales que nos impiden disfrutar todo tipo de música.

Comentarios

  1. Muy interesante nota sobre un género tan popular, muchas veces tachado como lo peor que existe y es cierto, es tan pegajoso que es inevitable no moverse. Es genial descubrir nueva música y salir de nuestra zona de comfort.

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