¿Qué significa ser salvadoreño?
Ser salvadoreño es bastante complicado y enervante. Uno sale de su casa sabiendo que el peligro está latente pero realmente nunca nos detiene. Sabemos que hay muchas cosas que están mal pero seguimos trabajando y estudiando porque nos han hecho obedientes y "Trabajadores".
Ser salvadoreño puede hacerte agresivo. Yo admiro profundamente a todas aquellas personas sumamente estoicas que nunca se dejan llevar por los sentimientos más violentos gritando desde la nuca al ver a sus compatriotas haciendo todo lo que está prohibido para aventajarse. "Es difícil ser honesto cuando todo el mundo hace trama" Diría yo en mi momento de debilidad, pero no se trata de lo que pasa al rededor de nosotros. Se trata de que nosotros hacemos de nuestra realidad.
Ser salvadoreño puede enamorarte de la naturaleza y la vida. En este país hay una diversidad de flora y fauna la mayor parte del mundo nunca alcanzará a ver. Los paisajes pueden parecer surreales y llenan de vida al momento más cotidiano.
En El Salvador hay gente que ha aprendido a amar la vida en las circunstancias más adversas. No hay nada más contagioso que la felicidad genuina, esa felicidad que te hace sonreír y sentir caliente el pecho.
Ser Salvadoreño te da una decisión. Podés ver el lado negativo y construir o podés ver el lado positivo y disfrutar.
Ser salvadoreño puede hacerte agresivo. Yo admiro profundamente a todas aquellas personas sumamente estoicas que nunca se dejan llevar por los sentimientos más violentos gritando desde la nuca al ver a sus compatriotas haciendo todo lo que está prohibido para aventajarse. "Es difícil ser honesto cuando todo el mundo hace trama" Diría yo en mi momento de debilidad, pero no se trata de lo que pasa al rededor de nosotros. Se trata de que nosotros hacemos de nuestra realidad.
Ser salvadoreño puede enamorarte de la naturaleza y la vida. En este país hay una diversidad de flora y fauna la mayor parte del mundo nunca alcanzará a ver. Los paisajes pueden parecer surreales y llenan de vida al momento más cotidiano.
En El Salvador hay gente que ha aprendido a amar la vida en las circunstancias más adversas. No hay nada más contagioso que la felicidad genuina, esa felicidad que te hace sonreír y sentir caliente el pecho.
Ser Salvadoreño te da una decisión. Podés ver el lado negativo y construir o podés ver el lado positivo y disfrutar.
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